El estudio de Mateo
Mateo trabajaba en casa y sentía la mente dispersa. Introdujo un acorde de romero, limón y pino para sesiones de enfoque. Encendía al iniciar, lo apagaba en descansos y volvía a prender solo si el cansancio reaparecía. La asociación olfativa reforzó hábitos: cada chispa significaba concentración. Con el tiempo, incluso sin vela, el ritual sobrevivió. El espacio se volvió nítido, productivo y menos hostil, aun durante plazos complicados inevitables en su calendario.